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Todo ello ha supuesto una rebaja sustancial de las condiciones laborales y un notable incremento del poder unilateral de los empresarios en detrimento de la capacidad negociadora de los trabajadores; circunstancia que, con la actual normativa, ha posibilitado la prevalencia de los convenios de empresa sobre los sectoriales.
En el acto ha quedado patente que tanto este procedimiento como la externalización de actividades han sido utilizadas por las empresas para degradar las condiciones de trabajo, en este caso del personal de pisos de los hoteles, cuyos salarios se han visto reducido, en algunas ocasiones, por encima del 40 por ciento de los estipulado en los convenios.
La jornada ha conjugado los contenidos reivindicativos con el reconocimiento de las compañeras de pisos como parte esencial de la calidad hotelera. En este sentido, Miguel Ángel Cilleros ha manifestado que “la calidad del sector turístico no solo hay que medirla en las grandes cifras, sino esencialmente en las condiciones de los trabajadores y trabajadoras, y sobre todos en la existencia de empleos de calidad, empleos fijos frente a temporales y empleos a tiempo completo frente a la lacra que los contratos a tiempo parcial está suponiendo para el sector”.
El secretario general de SMC-UGT también ha planteado que los sindicatos deben abordar políticas conjuntas, ya que «cuando así lo han hecho, estas han dado sus frutos». Prueba de ello es la exitosa campaña confederal contra las empresas multiservicios iniciada hace tiempo por UGT. La misma está logrando que los objetivos de la negociación colectiva estén enfocados a la regulación sectorial y no a los convenios de empresa.
La jornada de difusión ha contado con la presencia del autor del libro, Ernest Cañada, que junto con dos compañeras camareras de pisos y representantes sindicales de UGT y CCOO, Jovita del Carmen Martínez Rivero y Gladys Nieves Medina, han expuesto con absoluta crudeza las experiencias laborales de este colectivo profesional.
Los tres han relatado que se trata de vivencias cargadas de dureza y penosidad, por el trabajo en si, por los altos ritmos de ejecución exigidos y por la falta de cobertura en materia de protección y prevención de la salud tanto física como psíquica.
En sus declaraciones han dejado claro que su trabajo, aun siendo básico para la calidad de la oferta hotelera, suele llevarse a cabo en condiciones impropias del siglo XXI, que ponen en riesgo su salud y sus posibilidades de siquiera de alcanzar la jubilación como el resto de compañeros y compañeras de otros departamentos.
Este asunto se ve agravado, además, por las características propias de un colectivo integrado casi en un 80% por mujeres que se ven obligadas a unir su trabajo en el hotel a las tareas domésticas y de atención a sus hijos o a familiares dependientes.