Usos de un instrumento cortante y dentado
Antes de que Javier Milei popularizara a la motosierra como símbolo de recortes presupuestarios y se la ofrendara como regalo a su amigo Elon Musk para que la aplique en Estados Unidos, el aparatito había sido evocado con el mismo fin en Uruguay. Y empleado de manera bestial, nada metafórica, en Colombia, por parientes ideológicos del presidente argentino.
Daniel Gatti
26 | 2 | 2025
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Imagen: Allan McDonald’s – Rel UITA
Allá por 2009, la motosierra fue el instrumento que Luis Lacalle Herrera exhibió durante la campaña presidencial uruguaya para ilustrar su programa liberal.
Si llego al gobierno, sugirió entonces el que ya había sido presidente de su país dos décadas antes, no dudaré en emplearla a fondo para demoler el gasto público y dejar al Estado chiquito así.
Lacalle Herrera estuvo lejos, muy lejos, de volver a ser presidente, pero le quiso legar la herramienta a su hijo, Luis Lacalle Pou, que diez años más tarde, tras un intento fallido, ganó las elecciones de 2019 con un programa y una actitud menos demoledora que su padre.
En silencio, sin embargo, Lacalle Pou sí impuso algunos recortes durante los cinco años de gestión que se acaban este 1 de marzo. Los que pudo y le dejaron en un Uruguay en el que todavía les cuesta mucho avanzar a los sectores más abiertamente neoliberales.
Al otro lado del Río de la Plata, las cosas, en eso, son distintas. Apenas pisó la Casa Rosada, un Javier Milei que no anda con vueltas se dedicó a aceitar su motosierra, que hoy está girando a fondo y destrozando argentinos por millares.
La semana pasada, Milei tuvo ocasión de entregarle en mano propia, en su amado Estados Unidos, una réplica funcional del aparatito a Elon Musk, su “amigo”, su correligionario, para que, desde su flamante Departamento de Eficiencia Gubernamental, la Secretaría que Donald Trump le creó a medida para “terminar con el despilfarro estatal”, el magnate la haga marchar a su gusto.
La imagen de ambos bufones gritando y celebrándose mutuamente en medio de la reunión anual de lo más granado de las derechas radicales del planeta, en el estado de Maryland, recorrió las redacciones.
La motosierra dominaba la escena: reluciente, “viva”, especialmente concebida para la ocasión, con “la espada cromada, la barra con un corte láser y la frase ‘Viva la libertad carajo’ grabada”, según la describió su fabricante, el argentino Tute di Tella.
En homenaje a Musk, la motosierra mileísta tenía también incrustado un jaspe, “una piedra roja que representa a Marte”, el planeta que el distópico multimillonario propietario de Starllink y de SpaceX se propone colonizar, explicó también Di Tella.
“No saben que en Colombia ese instrumento se usó para descuartizar a miles de seres humanos. Lo hicieron personas que pensaban como ellos”, comentó al ver esas imágenes Gustavo Petro.
El presidente colombiano hacía referencia al uso que de las motosierras hicieron los paramilitares ultraderechistas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), escuadrones de la muerte que sembraron el terror entre campesinos, luchadores sociales, militantes de izquierda desde fines de los años 1980 hasta al menos 2010.
Con las motosierras las AUC mutilaban a sus miles de víctimas. Tanto las utilizaron, tanto se supo que lo hacían, que la prensa colombiana hablaba de los integrantes de esos comandos como “los asesinos de la motosierra”.
El instrumento les había sido recomendado por maestros en el arte del terrorismo: militares, ex militares y mercenarios israelíes.
Yair Klein fue de los más notorios.
Integrante en los años 70 de grupos especiales de asalto de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), participante en 1982 de la invasión al Líbano y de las masacres en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila, Klein formó luego su propia milicia, con la que adiestró a grupos terroristas de ultraderecha de varios países.
En Colombia, “entrenó a los hermanos Carlos y Fidel Castaño, los líderes de escuadrón que luego formarían las AUC”, consignó el investigador Dan Cohen en su libro El rol de agentes israelíes en el genocidio político colombiano.
“Bajo el patrocinio de ricos terratenientes, narcotraficantes, ganaderos, políticos y militares colombianos ─agregó─, las AUC cometieron masacres espeluznantes en todo el país, incluso utilizando motosierras para asesinar y desmembrar a los campesinos, todo ello con el objetivo de aterrorizar a las comunidades para que huyeran de sus tierras”.
Por encargo del Ministerio de Defensa, Klein también impartió en Colombia cursos de “formación” en técnicas antiinsurgentes a los que asistieron unos 270 militares. Lo secundaron otros dos israelíes que ya estaban en Colombia como agentes de su país, el coronel Yithzakh Shoshani y Arik Afek.
Otro “asesor” israelí que actuó en Colombia en esos mismos años de fines de la década del 80 fue Rafael “Rafi” Eitan, un general retirado muerto en 2004 que llegó a comandar las FDI, ser electo diputado e integrar gobiernos en su país.
Eitan fue contratado en secreto por el gobierno de Virgilio Barco, y habría sido, según investigaciones periodísticas, uno de quienes recomendó la campaña de exterminio contra los ex guerrilleros desmovilizados que dieron forma a la Unión Patriótica.
Por aquellos años, y por las relaciones carnales que había establecido con Estados Unidos, a Colombia se la conocía como “el Israel de América del Sur”.
Bien sabía Petro lo que decía cuando juntó en un mismo paquete a Milei, Musk y a los paramilitares colombianos adiestrados por asesores provenientes de un país que, hoy, está cometiendo uno de los peores genocidios de la historia reciente y del que el presidente colombiano ha sido y es uno de sus mayores denunciantes.
Musk, Milei, Trump y compañía son de los mayores defensores a nivel internacional de las tropelías y matanzas cometidas por Israel en tierras palestinas, donde la motosierra pasa, hace ya muchos años, casi que todos los días.