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Un gaucho de mano grande y solidaria
En Montevideo,
Uruguay
SOCIEDAD
Nuestro hasta siempre a Enrique Barrios
Un gaucho de mano grande
y solidaria
20150722-EnriqueBarrios610
Foto: Rel-UITA
Fue en Honduras, en un seminario sindical internacional aburridísimo, que nos encontramos por primera vez. Allí mismo me pareció un tipo entrañable.
Cuando llegué, ya transcurría la jornada y un dirigente español se encontraba en plena disertación. Con un tono que rozaba el rezongo y la presunción, despotricaba contra la división del movimiento sindical centroamericano. Una homilía donde el pastor tácitamente confesaba: has lo que digo, no lo que hago.

Enrique intervino. Con su voz ronca y su hablar pausado, una partitura muy campesina, puso las cosas en su lugar.

“¿De dónde es este?”, pregunté a un compañero a mi lado. “Es paisano tuyo, solo que no anda con el mate encima como todos ustedes”, comentó.  

En la pausa lo encaré.

-¿Vos sos uruguayo…?
- Sí, respondió con esa sonrisa fácil y franca que lo caracterizaba.

-¿De dónde?, pregunté.
-De Treinta y Tres.

-Tierra de contrabandistas sí las hay, repliqué irónico.
La provocación no la tomó en cuenta. Tan es así que no dejaba de reírse y estoy seguro que fue ahí que me echó la primera puteada.

Enrique, como tantos otros uruguayos, tuvo que exiliase en los tiempos de la dictadura en Uruguay. Sindicalista y del Partido Comunista era mucha carga para pasar desapercibido ante los milicos.

Estuvo en Dinamarca, allí se vinculó a la central obrera y luego pasó a ser su representante en Centroamérica. Vivió en Honduras y recaló por buen tiempo en Nicaragua.

Conocí la casa que él y Violeta -La Viole, su querida compañera salvadoreña- tenían en Managua, un lugar lleno de tambores de candombe que eran su ancla con el Uruguay.

Desde hace unos años se vino con su familia al paisito, trabajó para Comisiones Obreras y últimamente era director del Instituto de Formación Sindical de la Federación Uruguaya de la Salud.

El pasado 28 de junio partió. Un gaucho de mano grande y solidaria.

Recordarlo con su risa tan particular, que era prácticamente una erupción de algarabía, es la mejor manera de tenerlo presente y entre nosotros por siempre y honrar su sencillez y don de gente.

Buen viaje, amigo y compañero. Buen viaje.
 
Rel-UITA
22 de julio de 2015